
Ellos estaban acompañados por sus cuatro hermanas, Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Ipacura o Cura y Mama Raua. Cada cronista, según las referencias de sus informantes, cuenta con pequeñas variantes estos episodios.

De los hermanos, Ayar Cachi, tenía un gran poder, por el cual con su honda de oro disparaba piedras que llegaban hasta las nubes y al caer al suelo hacían estremecer las montaña, temerosos el resto de los hermanos de este gran poder, decidieron deshacerse de él। Por esta razón un comisionado le hizo entrar con engaños en una cueva de Tamputoco y le tapó la salida con grandes rocas, al verse en esta situación, Ayar Cachi solamente con la fuerza de su voz, hizo temblar el cerro y convirtió al traidor en piedra, pero no pudo liberarse quedando sepultado vivo. Esta roca ES Ayar Uchu
Según la narrativa de los cronistas, los hermanos no tardaron en deshacerse de Ayar Cachi, uno de los hermanos, por temor de sus poderes mágicos, pues con un solo tiro de su honda podía derribar cerros o hacer que surjan quebradas. Con engaños lo convencieron de que retorne a Pacaritambo, la caverna donde nacieron, para traer el napa, insignia de señores, y unos vasos de oro que habían olvidado, llamados topacusi. Lo siguieron subrepticiamente y una vez que Ayar Cachi penetró en la cueva la cerraron con bloques de piedra, donde quedó atrapado para siempre. Después de este episodio, los Ayar continuaron su ruta por las serranías.
Ayar Auca quedó convertido en piedra, pero Ayar Manco, llamado Manco Cápac, logró dominar a los pobladores de la región, adueñarse de toda la zona y dividirla en barrios para ser repartidos entre quienes lo acompañaban. Así se pobló, según esta leyenda, la ciudad del Cusco.




















