
Cuando en Egipto se construían las pirámides de Sakara o las posteriores en el valle de Giza o cuando se ocupaban las ciudades Sumerias de Mesopotamia o crecían los mercados en la India; ya se edificaban y remodelaban los edificios piramidales de Caral y en sus plazas se realizaban periódicas congregaciones de carácter multifuncional. Pero mientras las civilizaciones del Viejo Mundo intercambiaron bienes y experiencias, Caral- Supe y las sociedades del área avanzaron aisladas del resto del Perú y América, que estaban en un estadio de menor desarrollo.
El área norcentral comprendió el territorio entre los ríos Santa y Chillón e integró las regiones de la costa y selva andina. Hubo un manejo transversal de los recursos.

Los pobladores de Supe vivieron en asentamientos nucleados, de diversa extensión y complejidad, distribuidos a lo largo del valle; en cada uno de ellos construyeron estructuras arquitectónicas residenciales y públicas. Algunos asentamientos muestran impresionantes edificios monumentales, como la denominada “Zona capital de Caral” que congregó a ocho asentamientos y a la ciudad más extensa y compleja de la época cuidadosamente planificada, con edificios piramidales de grandes plazas y varias agrupaciones de viviendas.
Los asentamientos eran conducidos por sus respectivas autoridades, pero se hallaban bajo el gobierno del Huno o Señor del valle.
Un sistema social jerarquerizado dividía a la población por estratos con diferencias marcadas que se expresaban en el tipo de ocupación laboral, en la desigual distribución de los bienes producidos en el modo de vida.
La mujer ocupó una posición elevada; su poder estuvo vinculado con la religión.
La producción de conocimiento por parte de los especialistas (en matemáticas, geometría, astronomía, biología, etc.) fue aplicada en el diseño urbano, en la construcción arquitectónica; la elaboración del calendario; el acondicionamiento de los campos de cultivo y la implementación de un sistema de riego; el mejoramiento de las especies agrícolas; la administración pública etc. La medición de los movimientos de los astros fue plasmada en la ejecución de los grandes geoglifos y líneas.

La religión fue el instrumento usado por la clase gobernante para fortalecer la identificación cultural y la cohesión social pero simultáneamente, a través de ella, ejercieron el control, justificaron sus privilegios y mantuvieron el orden social, garantizando su reproducción.
La práctica musical fue también colectiva; han sido recuperados conjuntos de instrumentos musicales (32 flautas traversas, 38 cornetas y 4 antaras)
Las riquezas arqueológicas y culturales del valle de Supe no terminan por sorprender al mundo, puesto que hay muchísimo por descubrir por ello el Proyecto Especial Arqueológico CARAL-SUPE sigue investigando con gran acierto.











El viento sopla con fuerza sobre las arenas de Caral, la ciudad más antigua de América. Una fuerza viva que, quizá, los antiguos pobladores buscaron reproducir a través de sus flautas. Hechas de hueso de cóndor y pelícano, las primeras 32 flautas halladas en el sitio arqueológico han significado una de las mayores sorpresas de Caral. Precisamente, en el año 2001 se realizó el Taller de Investigaciones Arqueomusicólogas de las Flautas de Caral, con el objetivo de reproducir el sonido de cada una de ellas, tal como se habrían escuchado en el 3,000 a C.
Hoy, la Dra. Ruth Shady, arqueóloga responsable de las investigaciones, viaja cada fin de semana a Caral para continuar con los trabajos de excavación. Se despide de la urbe y de su oficina en el Museo de Arqueología y Antropología del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, para continuar acudiendo a una cita con el pasado..jpg)



